Él eligió a su amante… y yo tomé una decisión que ...

Él eligió a su amante… y yo tomé una decisión que jamás imaginó: convertirme en la mujer del despiadado padre mafioso que todos temían

Él eligió a su amante… y yo tomé una decisión que jamás imaginó: convertirme en la mujer del despiadado padre mafioso que todos temían

La música de la boda seguía sonando al otro lado de la puerta.

Pero para ella, cada nota parecía un golpe.

Vestida de blanco, con el velo cayendo sobre sus hombros y un ramo de rosas blancas apretado contra la cintura, permanecía inmóvil en medio de la elegante suite. Las lágrimas habían corrido por sus mejillas hasta borrar parte del maquillaje.

En su mano derecha sostenía un pequeño anillo dorado.

El anillo que debía pertenecer al hombre que había amado durante años.

El hombre que, apenas unos minutos antes, había elegido a otra mujer.

Al otro lado de la puerta abierta, él estaba allí.

Vestido con un impecable esmoquin azul marino, rodeaba con los brazos a una mujer de cabello rojo y vestido verde esmeralda.

Ella tenía las manos sobre su pecho.

Él sonreía.

Una sonrisa que ella conocía demasiado bien.

La misma sonrisa que alguna vez había reservado para ella.

—Así que finalmente lo viste —dijo una voz grave detrás de ella.

Ella cerró los ojos.

No necesitaba darse la vuelta para saber quién era.

El padre del hombre que acababa de destruirla.

El hombre al que toda la ciudad conocía, aunque casi nadie se atrevía a pronunciar su nombre en voz alta.

El poderoso jefe de una organización criminal que había construido su imperio durante décadas.

Un hombre de casi sesenta años, cabello gris peinado hacia atrás, barba perfectamente arreglada y un tatuaje negro que cubría parte de su cuello.

Él se acercó lentamente.

Su traje negro parecía absorber la luz dorada de la habitación.

—No quería que lo descubrieras de esta manera —continuó.

Ella soltó una risa amarga.

—¿De qué manera? ¿Descubriendo que mi futuro esposo está besando a otra mujer mientras todos esperan que camine hacia el altar?

El hombre guardó silencio.

Ella miró nuevamente hacia la habitación contigua.

Su prometido no parecía preocupado.

Ni siquiera sabía que ella lo estaba observando.

O quizá sí.

Quizá simplemente no le importaba.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó ella.

—¿Qué?

—¿Cuánto tiempo llevan juntos?

El hombre mayor la observó durante unos segundos.

—Meses.

Aquella palabra terminó de romper algo dentro de ella.

Meses.

Mientras ella organizaba la boda.

Mientras elegía las flores.

Mientras soñaba con una vida juntos.

Mientras él dormía a su lado y le decía que la amaba.

Ella apretó el anillo entre sus dedos.

—¿Y usted lo sabía?

—Sí.

Ella se volvió lentamente.

—Entonces todos lo sabían menos yo.

—No todos.

—Pero usted sí.

El hombre asintió.

Por primera vez, su expresión severa pareció suavizarse.

—Mi hijo tomó una decisión cobarde. No voy a defenderlo.

Ella miró el anillo.

Después miró la puerta.

Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.

Se quitó lentamente el velo.

Lo dejó caer sobre la mesa.

—¿Qué está haciendo? —preguntó él.

Ella respiró profundamente.

—Terminando esta boda.

El hombre mayor permaneció inmóvil.

—Eso no será tan sencillo.

—¿Por qué?

—Porque hay personas que esperaban esta unión. Personas que no aceptarán fácilmente que el acuerdo se rompa.

Ella levantó la mirada.

—¿Un acuerdo?

Él no respondió.

Y en ese silencio, ella comprendió que aquella boda nunca había sido solamente una historia de amor.

Había negocios.

Familias.

Poder.

Dinero.

Y quizá algo mucho más peligroso.

Entonces el hombre mayor hizo algo inesperado.

Sacó su teléfono y realizó una llamada.

—Cancelen todo —dijo.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué?

—La boda termina aquí.

Colgó.

Ella lo miró desconcertada.

—¿Por qué haría eso?

—Porque no voy a permitir que mi hijo humille a una mujer que no merece semejante trato.

Ella tragó saliva.

Por primera vez desde que había descubierto la traición, alguien parecía estar de su lado.

Pero todavía no sabía lo que vendría después.

El hombre se acercó hasta quedar frente a ella.

Su reloj plateado brilló bajo la luz del candelabro cuando levantó una mano y la apoyó sobre su hombro.

—Sin embargo, hay otro problema.

—¿Cuál?

—Si abandonas esta boda sin protección, algunos enemigos creerán que eres vulnerable.

Ella sintió un escalofrío.

—¿Y qué propone?

Él la miró directamente a los ojos.

—Una solución que cambiará tu vida.

Ella esperó.

—Cásate conmigo.

Durante unos segundos, el mundo pareció detenerse.

Ella pensó que había entendido mal.

—¿Con usted?

—Sí.

—Usted es mucho mayor que yo.

—Lo sé.

—Su hijo acaba de abandonarme por otra mujer.

—También lo sé.

—Y usted quiere casarse conmigo ahora.

—No quiero que seas utilizada como una pieza más en el juego de mi familia.

Ella soltó una risa incrédula.

—¿Y casarme con usted no sería eso?

Él sostuvo su mirada.

—Tal vez.

Aquella respuesta la sorprendió.

No intentó fingir que era un hombre honorable.

No prometió amor.

No habló de finales felices.

Simplemente le ofreció una elección.

Ella miró nuevamente hacia la habitación.

Su antiguo prometido seguía allí con la otra mujer.

Pero ahora parecía haber visto lo que estaba ocurriendo.

Su sonrisa desapareció.

Se separó lentamente de la mujer pelirroja.

—¡Espera! —gritó.

Ella no respondió.

Él salió de la habitación.

—No puedes hacer esto —dijo—. Estás confundida.

Ella lo miró por última vez.

—No.

Él dio un paso hacia ella.

—Podemos arreglarlo.

Ella negó con la cabeza.

—Tú elegiste.

El hombre tragó saliva.

—Fue un error.

Ella miró el anillo dorado que todavía sostenía.

Después, delante de él, lo dejó sobre una mesa.

—Entonces este es mi error final.

El padre permaneció detrás de ella.

Silencioso.

Imponente.

Ella tomó el pequeño ramo de rosas blancas y respiró profundamente.

—Acepto.

Su antiguo prometido palideció.

—¿Qué acabas de decir?

Ella levantó los ojos.

—Que me casaré con tu padre.

La habitación quedó completamente en silencio.

Incluso la mujer del vestido verde dejó de sonreír.

El hombre mayor no mostró ninguna emoción.

Pero en sus ojos apareció algo diferente.

Respeto.

Tal vez incluso sorpresa.

Ella sabía que aquella decisión podía ser peligrosa.

Sabía que estaba entrando en un mundo de secretos, poder y enemigos.

Pero también sabía algo más.

Ya no iba a ser la mujer abandonada frente al altar.

Si iba a comenzar una nueva vida, sería bajo sus propias condiciones.

El hombre mayor extendió la mano.

Ella la tomó.

Y mientras los invitados comenzaban a comprender lo que acababa de suceder, nadie imaginaba que aquella boda improvisada no sería el final de una traición.

Sería el comienzo de una guerra familiar.

Porque aquella noche, ella todavía no sabía que el hombre con quien acababa de aceptar casarse llevaba años guardando un secreto sobre su propio hijo…

Un secreto que, cuando finalmente saliera a la luz, podría destruir todo lo que ella creía saber sobre aquella familia.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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