La madrastra obligó a su hijastro a comer comida p...

La madrastra obligó a su hijastro a comer comida podrida y recibió su merecido tan solo un día después.

PARTE 1: «CÓMETELO, TU PADRE NUNCA SE ENTERARÁ»

¡Come! Solo lleva unos días guardado. ¡No te vas a morir por eso!

Vanessa golpeó con fuerza el cuenco contra la mesa y lo empujó hacia Ethan. Un desagradable olor agrio se extendió inmediatamente por la cocina. Dentro había un guiso de carne que llevaba casi una semana en el frigorífico. La salsa había cambiado de color y los trozos de verdura estaban blandos y pasados. Ethan, un chico de 15 años, acercó la cuchara a la boca, pero tuvo que apartar la cara por las náuseas.

—No puedo comer esto… Huele muy mal.

Vanessa cruzó los brazos y miró con frialdad al hijo de su marido.

He dicho que comas. ¿O prefieres quedarte sin cenar?

—Pero papá dijo que había comida fresca en la nevera…

El rostro de Vanessa cambió al instante. Se acercó, agarró el teléfono de Ethan y lo apartó de la mesa.

—Tu padre está a más de mil kilómetros de aquí. Se ha ido cinco días por trabajo. ¿De verdad crees que sabe lo que pasa dentro de esta casa?

Ethan guardó silencio.

—Come.

El chico levantó la cuchara, pero le temblaba tanto la mano que parte de la salsa cayó sobre la mesa.

Vanessa sonrió con desprecio.

—Date prisa. He quedado para cenar con unas amigas.

Solo tres horas antes, Vanessa parecía una persona completamente diferente. Mientras Daniel, el padre de Ethan, preparaba la maleta para su viaje de trabajo, ella no dejaba de preguntarle si llevaba sus medicamentos, el cargador del teléfono y todos los documentos necesarios. Antes de que Daniel saliera de casa, Vanessa incluso rodeó a Ethan con un brazo delante de él.

—No te preocupes, cariño. Yo cuidaré de Ethan.

Daniel sonrió.

—Y vosotros dos no os quedéis despiertos hasta muy tarde.

Ethan estuvo a punto de decir algo, pero Vanessa apoyó una mano sobre su hombro. Bastó con que apretara ligeramente los dedos para que el chico se quedara callado.

En cuanto la puerta se cerró, Vanessa lo soltó.

—Limpia la cocina.

—Pero hoy te tocaba a ti…

—No te he preguntado.

Aquello se había convertido en una rutina cada vez que Daniel se marchaba por trabajo. La comida fresca que compraba para su hijo desaparecía. Vanessa cerraba con llave el armario de la despensa, guardaba la llave consigo y obligaba a Ethan a comer las sobras que ella ya no quería.

Pero aquella vez Ethan sabía que la comida que tenía delante estaba realmente en mal estado.

—Vanessa, por favor…

—No me llames por mi nombre.

Empujó el cuenco aún más cerca.

Te lo vas a comer todo. No quiero que dejes ni un solo bocado.

Ethan miró el cuenco y después levantó discretamente la mirada hacia una esquina de la cocina.

Vanessa no se dio cuenta.

Allí había una pequeña cámara de seguridad.

Tres días antes, Daniel la había instalado después de que Ethan le comentara que la comida de la casa solía «desaparecer» cada vez que él se marchaba.

Vanessa sabía que había cámaras en la casa.

Lo que no sabía era que Daniel había cambiado la ubicación de la cámara de la cocina.

Y mucho menos sabía que estaba grabándolo todo.

Vanessa miró el reloj, impaciente.

—Te doy diez minutos.

Cogió su bolso.

Antes de salir de la cocina, se inclinó junto al oído de Ethan.

—Y ni se te ocurra llamar a tu padre. Si te atreves a arruinar su viaje de trabajo con otra de tus historias absurdas, le diré que estás intentando separarnos otra vez.

Vanessa sonrió.

Adivina a quién va a creer.

La puerta se cerró.

Ethan se quedó solo frente al cuenco.

Pero no comió.

Se levantó lentamente, caminó hasta la cámara y miró directamente al objetivo.

Papá… si puedes ver esto, por favor, no la llames. Vuelve a casa primero.

A cientos de kilómetros de allí, el teléfono de Daniel vibró.

«Se ha detectado un sonido inusual en la cocina».

Daniel abrió la aplicación de la cámara.

Y solo necesitó unos segundos para que su rostro cambiara por completo.

PARTE 2: VANESSA NO SABÍA QUE DANIEL HABÍA REGRESADO

Daniel reprodujo el vídeo tres veces. La primera pensó que había entendido mal. La segunda subió el volumen. A la tercera escuchó perfectamente a Vanessa decir:

Tu padre está a más de mil kilómetros. ¿De verdad crees que sabe lo que pasa dentro de esta casa?

Daniel estuvo a punto de llamar a Ethan, pero recordó las palabras de su hijo: No la llames. Vuelve a casa primero.

Canceló la llamada, cerró el ordenador y abandonó el hotel aquella misma noche.

Mientras tanto, Vanessa regresó a casa cerca de las diez.

El cuenco seguía intacto sobre la mesa.

—¿No te lo has comido?

—No.

Vanessa miró furiosa a Ethan.

—Te estás volviendo muy valiente.

Abrió el frigorífico, sacó el recipiente con aquella comida y volvió a colocarlo delante del chico.

—Entonces mañana volverás a comer esto.

Ethan miró el recipiente.

—¿Por qué me odias?

Vanessa se detuvo.

—Yo no te odio.

—Entonces, ¿por qué delante de papá siempre finges tratarme bien?

Vanessa soltó una carcajada.

—Porque tu padre quiere ver una familia perfecta. Yo simplemente le doy lo que quiere.

—¿Y si papá descubre la verdad?

—No la descubrirá.

Vanessa se acercó.

—Ya intentaste contárselo dos veces. ¿Y qué pasó?

Ethan permaneció en silencio.

Lo recordaba perfectamente.

La primera vez, Vanessa había dicho que Ethan estaba celoso porque su padre se había vuelto a casar.

La segunda, había llorado delante de Daniel diciendo que había hecho todo lo posible por querer al chico, pero que Ethan nunca había aceptado su presencia.

Daniel había creído a su esposa.

—Tu padre me quiere —dijo Vanessa—. Tú solo eres un niño enfadado porque tu madre ya no está aquí.

Ethan apretó los puños.

Vanessa se dio la vuelta sin darse cuenta de que la cámara situada detrás de ella estaba grabando cada palabra.

A la mañana siguiente, se puso un vestido blanco, se maquilló y se preparó para salir.

—Cuando vuelva, ese cuenco tiene que estar vacío.

—¿Y si no me lo como?

Vanessa se giró bruscamente.

Era la primera vez que Ethan se atrevía a responderle.

—¿Qué has dicho?

Ethan la miró fijamente.

—He preguntado qué pasará si no me lo como.

Vanessa avanzó hacia él.

—¿Qué crees? ¿Que tu padre va a aparecer de repente para salvarte?

En ese preciso instante, el ruido de un motor se escuchó frente a la casa.

Vanessa miró por la ventana.

Un coche negro acababa de detenerse.

Frunció el ceño.

La puerta del vehículo se abrió.

Daniel bajó del coche.

La sonrisa desapareció del rostro de Vanessa.

—No puede ser…

Miró inmediatamente a Ethan.

—¿Lo has llamado?

Ethan no respondió.

Vanessa agarró rápidamente el cuenco de la mesa y corrió hacia el fregadero.

Pero antes de que pudiera tirar su contenido…

CLIC.

La puerta principal se abrió.

—¿Vanessa?

La voz de Daniel resonó desde el salón.

Vanessa se quedó paralizada con el cuenco todavía entre las manos.

¿Qué estás haciendo?

PARTE 3: LA CÁMARA DE LA COCINA

Vanessa solo necesitó unos segundos para recuperar la compostura. Dejó el cuenco y corrió a abrazar a su marido.

—¡Daniel! ¿Por qué has vuelto sin avisarme?

Daniel no le devolvió el abrazo.

—Te he preguntado qué estabas haciendo.

—¿Esto?

Vanessa miró el cuenco y soltó una pequeña risa.

—Ethan dejó comida vieja aquí. Iba a tirarla.

Ethan estaba al fondo del pasillo.

Vanessa se volvió inmediatamente hacia él.

—Ethan, díselo a tu padre. Mamá acaba de decirte que no comieras comida en mal estado, ¿verdad?

Daniel miró a su hijo.

Ethan no dijo nada.

Vanessa se acercó y le puso una mano en el hombro.

—Díselo.

Daniel habló con voz fría:

Quita la mano de encima de mi hijo.

Vanessa se quedó inmóvil.

Daniel sacó el teléfono.

—He visto las grabaciones.

La cocina quedó sumida en un silencio absoluto.

—¿Qué grabaciones? —preguntó Vanessa.

Daniel señaló una esquina de la cocina.

Vanessa giró la cabeza.

Por primera vez vio la pequeña cámara situada encima de uno de los muebles.

Su rostro perdió todo el color.

—Daniel, puedo explicarlo.

—Te he visto obligarlo a comer comida en mal estado.

—¡Solo intentaba enseñarle a no desperdiciar comida!

—También te he oído decirle que yo jamás le creería.

Vanessa guardó silencio.

Daniel caminó hasta el frigorífico y abrió la puerta.

Estaba prácticamente lleno de comida fresca: fruta, leche, carne, pan y todo lo que él mismo había comprado para Ethan antes de marcharse.

Daniel miró el cuenco de comida pasada sobre la mesa y después a su esposa.

—Con toda esta comida en casa, ¿por qué obligabas a mi hijo a comer eso?

—Daniel…

—¿Por qué?

Vanessa no supo qué responder.

Ethan permanecía detrás de su padre. No parecía feliz por ver a Vanessa descubierta. Solo parecía agotado.

Daniel se volvió hacia él.

—¿Desde cuándo ocurre esto?

Ethan bajó la mirada.

—Cada vez que te vas de viaje por trabajo.

Daniel se quedó paralizado.

—¿Por qué no me lo dijiste?

Ethan levantó la cabeza.

Ya te lo dije. Dos veces.

Aquella respuesta dejó a Daniel sin palabras.

Vanessa comenzó a llorar.

—¡No puedes creer a un niño antes que a tu propia esposa!

Daniel se volvió hacia ella.

—Ese es exactamente el error que ya cometí.

Sacó el teléfono y llamó a su hermana para pedirle que fuera a recoger a Ethan mientras él resolvía la situación. Después pidió a Vanessa que abandonara la casa y guardó todas las grabaciones como prueba para decidir los siguientes pasos.

Dos semanas después, la cámara de la cocina fue retirada.

Daniel estaba subido a una silla mientras Ethan permanecía sentado a la mesa.

Delante del chico había un plato de pasta caliente que su padre acababa de preparar.

Daniel dejó la cámara sobre la mesa.

—Creo que ya no la necesitamos.

Ethan lo miró.

—¿Estás seguro?

Daniel permaneció en silencio unos segundos.

Comprendió que aquella pregunta no se refería realmente a la cámara.

—No —respondió—. Pero voy a hacer todo lo posible para que algún día ya no tengas que preguntármelo.

Ethan no dijo nada.

Bajó la mirada y comenzó a comer.

Daniel se sentó frente a su hijo.

Y por primera vez en mucho tiempo, en la mesa de aquella casa nadie tenía miedo de lo que había dentro de su plato.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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